martes, 12 de febrero de 2008

Romanticismo en Argentina

ROMANTICISMO
En 1830 llegó a la Argentina un joven escritor que tardó muy poco en hacerse conocer. Se trataba de Esteban Echeverría.
Con su llegada, ingresó al Río de la Plata el movimiento Romantico, que ya se había impuesto en Europa occidental.
Schlegel, Staél, Chateaubriand, Lamartine, Hugo, Scott, Byron, entre otros, impusieron una nueva forma, más espontánea que desdecía las normas impuestas por el Neoclasicimo. La expresión de los sentimientos, la subjetividad estarán por encima de cualquier regla, norma establecida.
El surgimiento y el triunfo del romanticismo se relacionan con las luchas europeas para ampliar el liberalismo y para alcanzar la noción (que hasta el momento era teórica) de Nación. Estamos hablando de una Nación liberal. Víctor Hugo dijo: "El romanticismo, si se lo considera en su aspecto militante, no es otra cosa que el liberalismo en literatura".
En Argentina, el romanticismo literario tuvo una versión social del romanticismo. Esto debe entenderse por una preocupación social idealista, no por el sentido de bienestar social actual.Hombres de letras que se comprometían por un ideal político, social, económico, procurando lograr un Estado-Nación liberal. Pensemos, también, que el Romanticismo argentino coincide con las luchas internas para lograr un lugar que sea "seguro", "habitable" para que los extranjeros pudieran invertir capitales en territorio argentino. Pensemos por ejemplo en los deseos de Sarmiento de aniquilar a todo indio y/o gaucho que impidiera el desarrollo de la "civilización". Recordemos la gran ampliación de las redes de ferrocarriles que solo podían concretarse si en el camino no hubiera "barbarie".
La renovación intelectual del romanticismo: La solidaridad con las luchas populares (en algunos casos), la exaltación de lo nacional y la fe ilimitada en el progreso de la humanidad.
Tras varios intentos precursores de organización -entre ellos el más recordable fue la Asociación de Estudios Históricos y Sociales, de efímera vida allá por 1833-, surgió en 1837 el Salón Literario, del que fue entusiasta impulsor otro joven, Marcos Sastre, comerciante en'libros, quien al efecto prestó su casa.

El Salón Literario

En junio de 1837 abrió sus puertas el Salón con un acto público de singulares contornos por el número, calidad y disposición de ánimo de la concurrencia. Era evidente que la institución venía a llenar un vacío en la vida cultural de Buenos Aires y aún del país, porque entre sus socios, en su mayoría estudiantes de la Universidad -los más de la Facultad de Derecho-, encontramos no sólo porteños sino también oriundos del interior.
Conviene destacar que al principio prestaron su colaboración a las actividades del Salón, Vicente López, Pedro de Angelis y Felipe Senillosa, seguramente las únicas figuras intelectuales de relevancia que vivían en Buenos Aires. Aunque empresa de muchachos, ellos entendieron que no podían restar al Salón su madura experiencia. Pero pronto, por diversos motivos, se alejaron. Y los jóvenes no se arredraron y continuaron leyendo, discutiendo y programando para el futuro. Las obras de Cousin, Guizot, Lerrninier, Quinet, Villemain, Saint Simon, Leroux, Lamennais, Mazzini, Tocqueville, entre tantos otros, a través de libros y artículos periodísticos, ofrecían un complejo y apasionante mundo de inquietudes filosóficas, sociales, históricas, políticas, etc., que por su diversidad y gracias a ella, les permitió integrar tina elaboración doctrinaria original.
Al cabo de varios meses culminaron las actividades del Salón Literario con una serie de disertaciones que pronunció Echeverría, donde hizo un rninuncioso inventario de los factores negativos culturales y socio-económicos que frenaban el progreso nacional, y verificó el divorcio tremendo entre los propósitos transformadores de la Revolución de Mayo y la agobiante realidad, perduración de la Colonia. Y al señalar el puente ideológico que siempre nos liga a Europa, puntualizó que no se trataba de adoptar premisas extrañas sino de adaptarlas a nuestra específica peculiaridad nacional.
En cuanto a la literatura, sostuvo que la misma no puede desentenderse del medio social que la engendra. Era enemigo de poemas y prosas que no dejan rastro alguno en el corazón ni en el sentimiento. Siguiendo estas huellas dirá a su vez Alberdi que la literatura debe atender "al fondo más que a la forma del pensamiento, a la idea más que al estilo, a la belleza útil más que a la belleza en si'. Quedaban echadas entre nosotros las bases del compromiso del intelectual para contribuir a transformar la sociedad. Conscientemente toda la literatura romántica fue milicia. Echeverría, en 1837, se consagró como el orientador de una generación, y esto se pondrá de relieve cuando en esta Historia se lo estudie detenidamente. Hay que consignar que en su tiempo el Salón suscitó reacciones diversas.
Otra faceta abierta en el Salón Literario fue la crítica a la herencia americana de España. Se hizo allí un implacable y sombrío inventario de nuestro déficit cultural. varios artículos aparecieron en los diarios de la época para replicar estos planteos que, a su entender, significaban una temeraria negación de toda la producción de las letras españolas. Haciendo abstracción de las generalizaciones apresuradas que evidentemente se deslizaron en la tribuna del Salón, lo notorio es que cuanto se proponían señalar allí era la necesidad de lograr la independencia cultural como complemento indispensable de la soberanía política conquistada en los campos de batalla.
Sobrevivían aún tradiciones, costumbres, cultura, legislación, instituciones, de la época colonial. La primera etapa de tina reorientación por nuevos cauces de nuestra vida intelectual implicaba un análisis crítico que iluminaría convenientemente la ulterior tarea de construcción sobre bases nuevas y auténticamente nacionales.



1 comentario:

victor hugo dijo...

la verdad muy buen estudio , echa un manto de claridad y verdad a la verdadera historia que no se ve muy seguido en la enseñanza actual :)